Cómo emplear una disciplina que discipula en las clases con niños

Qué haré con ese alumno


La disciplina que discípula

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. AménMateo 28:18-20

Todo maestro sabe que uno de los aspectos más complicados en la enseñanza es la disciplina. Pudiéramos preguntar: ¿quisiera yo ser alumno de mi propia clase?

Nuestro Señor y maestro nos mandó a hacer «discípulos». Ambas palabras –discípulos y disciplina– tienen el mismo origen, que tiene que ver con el alumno; con enseñar e instruir.

La disciplina comienza con el maestro. Un maestro bien preparado no tendrá muchos problemas de disciplina, como se ha dicho: «tal maestro, tal disciplina». Los niños son el reflejo del maestro. Digo esto en forma general, porque a veces podemos correr la suerte de recibir un alumno «incorregible», que por más ejemplar que sea el maestro y por más preparado que esté, el niño causa caos en el salón de clases. Recordemos que para el Señor no hay caso imposible, y que, con mucha oración y amor, ese alumno «incorregible» puede llegar a ser un gran siervo de Dios.

Todo maestro necesita:


  1. captar la atención del alumno,
  2. retener la atención, y
  3. transformar la atención en interés.

Si el maestro logra captar el «interés» del alumno, no tendrá muchos problemas disciplinarios.

Sé un ejemplo digno de imitar

Por lo tanto, la disciplina comienza con el maestro. Un maestro que se ha preparado en oración, que ha estudiado la clase que va a dar, que tiene un «gancho» (algo con lo cual va a «enganchar» la atención), que llega antes de la hora a la clase, y que tiene todo preparado para recibir con una sonrisa a los alumnos, tendrá una experiencia de enseñanza remuneradora.

Hacer «discípulos» es hacer seguidores. ¿Eres alguien digno de imitar? Como dije al principio, ¿quisieras ser alumno de tu propia clase?

Jesús nos ha mandado a hacer discípulos, y a enseñar a esos discípulos que guarden todas las cosas que Él nos ha mandado. No podemos enseñar cosas que nosotros mismos no cumplimos. El principal método de disciplina de un maestro cristiano debe ser el ejemplo de su vida santa. Esa es la disciplina que discipula, que hace discípulos.

A veces, sé duro

A veces puede ser necesario ser «duro» con un niño. Si alguien constantemente interrumpe la clase e impide a los demás escuchar con atención, hay que sacar a ese niño de la clase. Pero hay que hacerlo con amor, para que el niño no se sienta rechazado. Si sus padres asisten a la iglesia, ellos tendrán que encargarse de disciplinar a su hijo. Pero si es un niño de la calle, hay que ser muy prudente, para que no sienta que se lo rechaza como persona. Solicita la ayuda de un adulto de confianza para que se siente con el niño. Mi madre solía hacer eso con los muchachos que hacían mucho desorden cuando yo daba clases (tenía muchos niños). Ella se sentaba en medio de los «interruptores».

Ten reglas y comunícalas claramente y a menudo. Haz cumplir eses reglas, porque así ganas el respeto de tus alumnos.

Ama profundamente

Ama de corazón y no de labios solamente. Los niños son muy diestros en sentir si el amor es sincero. En lugar de decir «te amo», muéstralo con tu forma de tratar a cada individuo. No alces la voz, no grites si te sientes frustrado. Manda al cielo una oración silenciosa de «socorro». No dejes que el nerviosismo te controle. Un maestro calmado infundirá la calma en el salón.

Ten presente a Jesús

Pide al Espíritu Santo que te muestre lo que debes hacer para mantener orden y disciplina en tu clase. Más que nada, ten presente que Jesús está contigo «todos los días». Imagina a Jesús sentado en el primer banco del salón de clases. ¿Cómo darías la clase si lo tuvieras a Él en persona allí contigo y los niños? Me imagino que te prepararías lo mejor posible. La verdad es que ÉL ESTÁ ALLÍ, en cada una de las clases. Disciplina y discipula como si Jesús fuera uno de tus alumnos, como si Él fuera tu discípulo. 

Artículo creado por Kerstin Anderas-Ludquist, conocida como Tía Margarita. www.hermanamargarita.com

Este artículo ha sido extraído de la revista La Fuente, puedes descargarla en pdf desde aquí o ir a la página web www.revistalafuente.com y subcribirte.



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